El Pueblo de los Sueños – Los Senoi – part I

¿Qué cabe esperar de un aprendizaje precoz del control sobre los sueños?

¿Son capaces los niños -acaso con mucho mayor facilidad que los adultos- de aprender a producir directamente ensoñaciones en lugar de sueños?

¿Puede el dominio sobre los sueños llegar a convertirse en otra lengua materna?

¿Llegar a ser una lengua universal que permita comunicarse de otro modo con los otros?

¿Qué ocurre cuando todo un grupo practica el control de los sueños y, más aún, cuando una cultura entera funda su vida en la inspiración de los sueños?

¿Acaso el compartir los sueños no constituye ya una manifestación de confianza capaz de crear profundos lazos, con arreglo a aquella máxima de los hippies: “padres, contad vuestros sueños a vuestros hijos”?

La cultura de los senoi que se basa íntegramente en el dominio sobre los sueños, representa para nosotros un ejemplo excepcional. Tan notable como ello, si no más, resulta el descubrimiento de que ese compartir constituye el fundamento de la verdadera cooperación y produce una cultura pacífica, artística y creativa.

Jung habla del “carácter colectivo del gran sueño, el cual no pertenece a quien lo haya soñado, sino a la colectividad, al pueblo, a la totalidad de los seres. Si se logra la interpretación de semejante sueño, todos obtendrán provecho de ello”

SU DESCUBRIMIENTO

Los senoi son uno de los últimos pueblos misteriosos de importancia. Viven en una jungla impenetrable en las montañas de Malasia. Su descubrimiento data de poco antes de la guerra. El gran etnólogo británico Herbert NOONE los estudió durante los años 1930-1939, al igual que a las otras tribus montañesas de esa región. En 1939 sostuvo en Cambridge su tesis sobre este tema. Más tarde habría de encontrar la muerte en esa jungla.


Su hermano menor, Richard NOONE, organizó una expedición para dar con su paradero, pero fue en vano. En 1935 habíasele unido un joven psicoanalista norteamericano, Kilton STEWART, quien durante un año estudió en particular la técnica del sueño que practican los Senoi.

SU HABITAT

En Malasia se encuentran las junglas más arcaicas del planeta. Comparadas con las selvas tropicales del África o del Amazonas resultan apenas adolescentes. En tanto que en el hemisferio norte los frentes glaciares avanzaban y se retiraban durante el cuaternario y el fin del terciario, estas junglas disfrutaban de un sueño ininterrumpido. Es por ello que conservan las especies animales más antiguas y extrañas, como el célebre lémur volador que data de hace 70 millones de años y existe tan sólo allí. Este corazón verde de la Malasia resulta, empero, impenetrable. No es posible entrar en la espesura de la selva que cubre los dos tercios del país sino remontando los ríos. A menos que se recurra, como hoy en día, al helicóptero.

Los senoi habitan en el macizo montañoso del Gedong Tahan, que es el mayor de Malasia con sus 7.174 pies de altitud. Forman parte de los orang asli -que significa hombres primitivos- rechazados por los conquistadores malayos hacia las selvas. Estos les llaman asimismo sakai, nombre despectivo que en senoi significa esclavo.
El término “senoi” corresponde en realidad a los dos grupos que forman los semai y los temiar de las “selvas de las nubes” ubicadas en el centro montañoso de la península. Se hallan naturalmente inmunizados contra la malaria y las demás enfermedades regularmente imperantes en su hábitat.

Gedong Tahan

SU VIDA

Viven de la jungla con gran facilidad. Son, ante todo, vegetarianos y se alimentan de los frutos que recolectan: liqueas, frutos del árbol del pan, decenas de variedades de guineos y de dátiles. A ello debe agregarse un poco de caza practicada por los hombres, con ayuda de cerbatanas de bambú (“wrayi”), así como algo de pesca obtenida por medio de frutos soporíferos.

Habitan en poblados llamados kampong, formados por casas comunes. Como en toda la Indonesia, están construidas de bambú y roten, y edificadas sobre pilotes para defenderse de las crecidas causadas por los intensos aguaceros. Cada una de estas casas alargadas posee un corredor central y compartimentos para las diversas familias.


La fertilidad excepcional del suelo y el hecho de que no haya estación seca ha hecho que los senoi no tengan necesidad de consagrar al trabajo más que dos horas diarias en promedio. Por otra parte, no tardan más de ocho días en construir su casa común, la que dura cinco años. Desconocen, por lo demás, la institución de la guerra. Su solo nombre es temido en toda la península. Carecen, por consiguiente, de ejército. Sus vecinos tienen tal temor de sus poderes mágicos que respetan un vasto no man’s land que rodea su territorio.

Todo senoi es un hechicero temible, a la vez que un extraordinario artista creativo. Los senoi hacen decoraciones con objetos de bambú y roten, y cada día inventan nuevos y nuevos cantos, músicas y danzas.

 

Senoi en 1932

SU PERSONALIDAD

Su personalidad social e individual provoca admiración en todos aquellos que hablan de ella. Constituyen un pueblo comunitario, vegetariano, pacífico, cooperativo, dulce y bondadoso, que practica la ayuda mutua. Merced a la organización instaurada por los chamanes –verdaderos suprahechiceros-, en su país no existe más la violencia. No se conocen crímenes ni guerras locales desde hace ya dos o tres siglos.

Son esencialmente vegetarianos y bondadosos: toda forma de vida es para ellos objeto de escrupuloso respeto. Todo lo comparten. Los campos y las cosechas, al igual que las casas, son comunes. En todo momento intercambian donaciones que retribuyen recíprocamente. Toda su organización social gira en torno a la cooperación y la ayuda recíproca.

Quienes han escrito sobre ellos constantemente insisten en el gran poder personal que manifiestan. Entre ellos no existe la psicosis ni la neurosis. Su personalidad es muy sana: no se advierte ni deseo de posesión ni voluntad de dominación. La cooperación sustituye a la competencia. Psicológicamente, por tanto, señálanse por la integración de su personalidad y por su excepcional madurez emocional. La causa de esto parece residir en una técnica psicológica poco conocida que absorbe la mitad de su tiempo de ocio: la educación de los sueños.

LA EDUCACIÓN DE LOS SUEÑOS

En efecto, tanto su vida personal como su vida social está fundada en la educación de los sueños. Ello comienza desde el despertar: por la mañana, durante el desayuno, cada miembro de la familia cuenta sus sueños. Se discute sobre ellos y los mayores explican a los jóvenes cómo hubiesen debido actuar en sus sueños. Luego los hombres se dirigen a tomar parte en la asamblea del poblado. Allí se discute acerca de los sueños más importantes de cada familia. Los chamanes explican sus símbolos y significado.


Es así como el conjunto de los sueños de la noche ha de determinar las actividades del día. Se ha de trabajar, por ejemplo, en la realización de los objetos vistos en sueños: indumentaria, pinturas, canciones, danzas, etc. La vida del poblado, entonces, tiene su centro en los sueños. Así emplearán los ensueños colectivos -ensueño cooperativo: ¿trátase de un sueño vigil?- para educar a los hijos. Más tarde los adolescentes han de conocer el éxtasis hasta que adquieran la condición de curanderos.

Su teoría (por poco que nos haya sido descrita) consiste en que es el hombre quien crea las imágenes del mundo exterior (tal es también el secreto de los hechiceros que Don Juan enseña a Castaneda, convergiendo en ello con la fenomenología y con Merleau-Ponty). Algunas no están bien integradas y entran, entonces, en conflicto entre sí o con aquél, trayendo consigo la desorganización mental y social. Ello puede evitarse en virtud de una ayuda social conformada por la educación y la psicoterapia.

Durante el sueño (o, más bien, durante las ensoñaciones) el hombre es capaz de ver las imágenes de su espíritu que en el día se disfrazan como percepción. Si uno no llega a dominar a los seres del sueño, éstos desorganizan la personalidad. Si usted no coopera en buena voluntad con sus vecinos, las imágenes de éstos no le ayudarán en sus sueños. Por el contrario, la ayuda social recíproca hará que usted reciba cooperación y ayuda de todas sus íntimas fuerzas de sueño.


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