El pueblo de los sueños – Los Senoi – Parte II

LOS PRINCIPIOS Y LAS TÉCNICAS DEL DOMINIO SOBRE LOS SUEÑOS

Hemos retenido cinco principios en la educación de los sueños que practican los Senoi.

1.- Enfrentar los peligros y superarlos:

He aquí el principio básico del que se desprende todo el resto: nunca aceptar un papel de víctima y menos aún complacerse en él. Los elementos masoquistas de la personalidad encuentran su satisfacción en las múltiples pesadillas que constituyen el destino cotidiano de todos nuestro contemporáneos. Claro está que en nuestra civilización los sujetos son conducidos a ello por toda la herencia judeo-cristiana: paladean cada noche su purgatorio. 
Los senoi, por el contrario, tienen como principio el acometer a toda imagen que lo agreda a uno. Si un niño senoi es perseguido por un tigre o devorado por él, tras contar por la mañana este sueño recibirá la orden de no volver a huir la próxima vez que lo tenga: antes bien, habrá de tornarse contra la bestia feroz enfrentándose a ella. Deberá, en seguida, hacer el intento de domarla o matarla. Si no es capaz de lograrlo por sí solo, pedirá ayuda a sus amigos. Ello dará más fuerza a su actitud cooperativa.
Reencontramos aquí el mecanismo a través del cual el analista de los sueños vigiles conduce a su cliente al saneamiento de éstos. A ello los senoi agregan que matar a un enemigo en sueños equivale a convertirlo en su sirviente o en su aliado (en el sentido, sin duda, de Castaneda). El chamán es aquel que en virtud de su dominación y su coraje ha logrado ganar aliados poderosos. En particular, ha de ser capaz de matar en sueños al tigre. El espíritu de éste se convertirá entonces en su aliado, prestándole en lo sucesivo ayuda en sus sueños. Si en otro sueño se ve perseguido por un perro, podrá llamar en su ayuda al espíritu del tigre, azuzándolo contra el perro. Será capaz incluso de enviarlo a los sueños de quienes lo atacan, según declaran los pueblos vecinos, en quienes los senoi infunden un temor tremebundo.

2.- Llegar hasta el fondo de lo placentero:

Así como es preciso luchar contar el mal, no hay que quedarse en lo que se ofrece sin más como placentero, sino darle cumplimiento por propia voluntad. Ya sea que se trate de volar por los aires, ya de relajarse, comer, beber, tener un encuentro sexual, amoroso o místico, siempre hace falta cooperar con ello poniendo algo de su parte. Por ejemplo, al volar por los aires no hay que dejarse llevar pasivamente, sino que habrá uno de aprovechar la ocasión para ir a explorar lo que se desea o para ir al encuentro de quien uno quiera. Si tiene, uno alguna relación sexual en sueños, no hay que dejarla inacabada, sino llevarla hasta el orgasmo. Se ha planteado el problema de la relación incestuosa, más las respuestas son divergentes. Según Stewart, no obstante, si uno se da cuenta en sueños de que está realizando un acto sexual incestuoso, es preciso llevarlo hasta el final, ya que aquello no constituye la realidad y las imágenes del sueño no son sino otras tantas partes de la psique del soñador. En la realidad, el incesto entre los senoi está tan estrictamente prohibido como entre nosotros. Sin embargo, los senoi piensan que si un individuo comparte en sus sueños mucho amor y sexualidad, ello ha de tornarlo cooperativo en la vida vigil.

3.- Convertir todo lo negativo en positivo:

No hay que intentar soñar lo contrario de lo que se hace presente: hace falta dar rodeos y desviar las cosas para alterar el sentido de lo que se produce. Por ejemplo, un sueño de caída que puede resultar desagradable o pavoroso, habrá de convertirse en un sueño de vuelo por los aires. Hace falta, por tanto, ser constructivo y percibir siempre el aspecto positivo de las cosas. Un llamado inquietante, en sueños, habrá de transformarse en un estímulo. Nunca está todo perdido en los sueños. Aún si en su sueño recibe el soñador la muerte, habrá de servirse de ello para vivir su muerte y darse una reencarnación más favorable, lo que le permitirá organizar la continuación del sueño de forma ventajosa para él (este mecanismo lo descubren regularmente las personas que tienen sueños vigiles y se encuentran en proceso de sanar).

Al vivir, como tantos orientales y sujetos de sociedades tradicionales, en un sistema de dones y recíprocas prestaciones basadas en el don, los senoi aspiran a que todo sueño culmine en la recepción de un obsequio. Para ellos, por consiguiente, lo mejor es obligar al enemigo a que nos ofrezca un regalo. Esto podrá tornarse en la solución de un problema de la vida real: un cuento, un poema, una canción, una idea para un dibujo, etc. Puesto que ha sido creada por nosotros, la imagen hostil de un sueño se revela como una parte constituyente de nosotros mismos. En lugar de destruirla, resulta preferible enfrentarla para neutralizarla y transformarla, convirtiéndola en un bien.

4.- Reparar durante el día los daños y las ofensas ocurridos durante el sueño:

Esto corresponde al principio según el cual hay que atribuir al sueño la mayor importancia.
 Si alguno de sus amigos ha ejecutado en sueños un acto hostil, el senoi irá a decírselo, o al menos se lo comunicará por intermedio de sus padres, de tal suerte que aquél pueda manifestarle su buena voluntad. Este reparará simbólicamente su agresión mediante algún obsequio y a partir de ese momento se cuidará de guardar distancia durante algún tiempo.
 En ello volvemos a encontrar un rasgo del comportamiento de los orientales que para los primeros colonizadores que los describieron resultaba característico. El bueno de Levy-Bruhl veía allí una infracción del principio de realidad. Todos los racionalistas, junto con él, mucho mofábanse de aquel canaca que había venido a solicitar reparación por su sueño a un blanco (un misionero que había robado sus calabacines -o que se había acostado con su mujer, pues hay distintas versiones). El oriental, sin embargo, no confunde en absoluto el sueño con la realidad. Bien advierte por la mañana que los calabacines están en su huerto y no se acerca a solicitar que le devuelvan el equivalente de lo que vio comer. Sólo ha sentido una intención hostil (la que, en este caso, resultaba evidente, ya que todos aquellos blancos que habían venido a explotarlos y a prohibirles sus creencias y su cultura terminaron exterminándolos) y acude en embajada a proponer un ofrecimiento de paz, dando a la persona conflictiva la posibilidad de establecer una alianza con él, al manifestar su buena voluntad y comprometerse mediante un obsequio en el sistema de las donaciones y sus contrapartidas recíprocas. Pero aquellos pobres blancos que apenas recordaban sus propios sueños, sintiéndose imbuidos de su superioridad, sólo veían en ello un ejemplo de creencias insensatas y de “mentalidad prelógica”.
La cooperación llega a tal punto entre los senoi que el no acudir en ayuda, en una ensoñación, equivale a un acto de hostilidad. Ello igualmente ha de ser objeto de reparación durante el día, anulando a través de un obsequio simbólico el comportamiento de su imagen de sueño y dando seguridades a la víctima de que, tanto en el sueño como en la realidad, se está pronto a acudir en su ayuda.

En sentido contrario, si un soñador ha visto a un miembro del poblado en situación dificultosa, por ejemplo atacado por un tigre, no dejará de ir a advertírselo y recibirá en recompensa un obsequio por su actitud. Los ancianos, con todo, le ordenarán que rehaga ese sueño otra vez, que no se conforme tan sólo con aquella buena voluntad y emprenda la tarea de eliminar al tigre que así amenazara en sueños a alguno de sus parientes. De esta forma, por tanto, aún en sus sueños debe un senoi compartir los beneficios, extrayendo de ello las ventajas que corresponden a la comunidad.

Así como el mal sueño ha de ser objeto de reparación en la realidad diurna, también ha de poder servir un sueño para enmendar una falta cometida durante el día. Un joven senoi había traído de la jungla, en una oportunidad, algunos granos de calabaza silvestre y, por cierto, no había dejado de compartirlos con sus vecinos. Pero como éstos les provocaran diarrea, sentíase culpable y causante de envenenamiento. Por la noche se le apareció en una ensoñación el espíritu de la calabaza y le reveló que aquello no era alimento, sino un remedio, comunicándole el canto y la danza correspondientes. Al transmitirlos por la mañana a la comunidad, pudo recuperar el aprecio del grupo y su autoestima. Descubrimos aquí un mecanismo psicosocial muy complejo. Lo más íntimo y secreto de todo individuo reside en sus sueños. De ello ha de hacer don entregándolo a su familia y a su comunidad. No es posible compartir nada más personal. Pero, de modo inverso, la aceptación social de los sueños de un individuo constituye su más profunda incorporación posible como miembro de la comunidad. A través del sueño el sistema social de los senoi desarrolla la cooperación y la buena voluntad. Lo puede hacer porque acepta y favorece la máxima libertad de expresión de todos.

Si los senoi pueden parecernos inferiores por sus maquinarias y armamentos, nos superan con mucho por sus técnicas psicológicas de expresión y de inserción social, que resulta mucho más evolucionadas que las nuestras. Si en sueños un individuo riñe con las imágenes de sus vecinos y sus amigos, otro tanto hará en la vida real. Es preciso, por tanto, comenzar por el control de nuestros sueños, ya que es nuestro inconsciente el que domina.

Para los senoi el cuerpo espiritual está formado por cinco elementos:

  • Sengin, el alma de la que depende la vida
  • Ruai, el espíritu de la cabeza que puede abandonar el cuerpo durante el sueño
  • Jereg, el espíritu del hígado, capaz de proyectarse en el espacio y el tiempo
  • Kenlok, el espíritu de los ojos que controla las sensaciones
  • Hinum, el soplo de la respiración que anima las palabras.

Para tener ensoñaciones, es preciso que Ruai y otro espíritu puedan abandonar el cuerpo. Los grados superiores exigen una participación cada vez mayor de estos espíritus. El chamán es aquel que sabe emplear los cinco a la vez (salvo sengin, que sólo abandona el cuerpo con la muerte). (Esto evoca los chakra de los yogi o los lataif de los sufíes).

5.- Encontrar consejeros y guías en los sueños

He aquí la técnica suprema. Después de la donación de un obsequio, lo más beneficioso en un sueño es encontrar un guía. En sus sueños los senoi entran en contacto con los espíritus de las cosas, los que corresponden a aquello que se denomina genios de la naturaleza (el espíritu de las fuentes, de los árboles, de las tocas, de las especies vegetales y animales…). 
Entre nosotros esto era ya conocido por los celtas y los galos. Por lo demás, las prácticas de los druidas se perpetuaron entre todos los hechiceros de la Edad Media. Allí reside, asimismo, la técnica psicoterapéutica de mayor eficacia, según fuera ésta redescubierta por Jung y por Desoille. No se puede curar a un individuo dejándolo abandonado a su soledad, sin darle más horizonte que el rudo materialismo de Freud. El individuo no alcanza su plena integración sino una vez que se ha unido a las grandes figuras de poder de la sublimación. Sanar del todo a alguien consiste en darle la posibilidad de que encuentre un sentido a su existencia. Es preciso que se sienta unido a su comunidad y, por encima de ésta, a todas las formas vivientes y a todas las fuerzas del universo. 
Mediante sus técnicas psicológicas, los senoi adquieren poder en sus sueños frente a las imágenes de las cosas, de las plantas y animales; más tarde, logran adquirirlo sobre los seres humanos y, por último, sobre las grandes figuras dotadas de autoridad y aun sobre los propios dioses.

Quienes hayan logrado capturar en sus sueños el espíritu del tigre, que es el señor de la jungla, serán para ellos los más poderosos. Este espíritu ha de tornarse su hijo, llamándoles “padre”. Es él quien habrá de instruirlos acerca de la religión y las danzas sagradas. En virtud de su poder superior, ellos mismos llegarán a ser guías o chamanes.

No parece posible imaginar mejor técnica psicoterapéutica de integración de la personalidad.
 Técnicas equivalentes se encuentran (o han estado) ampliamente difundidas, al parecer. Bitard (1959), por ejemplo, señala que los kha y los pnong, que pertenecen a los pueblos autóctonos de las provincias orientales de Camboya, “sueñan por encargo” y se dejan guiar por sus sueños (vale decir, por sus ensoñaciones) en todas las circunstancias importantes de su vida. Algo similar ocurre en toda la Indonesia, según hemos podido comprobar desde Sumatra hasta Bali. Trátase, de. hecho, de un saber primordial que es muy familiar entre los aborígenes australianos: su vida y su cultura reproducen sus sueños.

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