El Satori

¿Qué clase de preparativos son necesarios para experimentar el satori?

El satori puede llegar a ser posible para un gran número de personas porque, a veces, no requiere de ninguna preparación; a veces ocurre por casualidad. Se crea la situación, pero inconscientemente. Hay mucha gente que sabe lo qué es. Puede que no lo conozcan como satori, puede que no lo hayan interpretado como satori, pero lo han conocido. Un gran estallido de amor puede crearlo.

Incluso mediante las drogas químicas, es posible el satori. Es posible con la mescalina, con el LSD, con la marihuana, porque a través de un cambio químico, la mente puede expandirse lo suficiente como para que se dé un vislumbre. Después de todo, todos tenemos cuerpos químicos—la mente y el cuerpo son sistemas químicos—de modo que, también mediante la química, es posible ese vislumbre.

A veces un peligro repentino puede penetrar tanto en ti que ese destello se hace posible; a veces un gran shock puede hacerte estar tanto en ese momento, que se hace posible el vislumbre. Y para los que poseen una sensibilidad estética, que poseen un corazón poético, que tienen una actitud sensitiva hacia la realidad—no una actitud intelectual—, el destello es posible.

Para una personalidad intelectual, lógica, racional, el vislumbre es imposible. A veces puede sucederle a una persona intelectual, pero solamente mediante una intensa tensión intelectual; cuando se relaja la tensión. Eso le sucedió a Arquímedes. Estaba en satori cuando salió de su baño a la calle, desnudo, y empezó a gritar, “Eureka, ¡lo he encontrado!” Fue una liberación repentina de la constante tensión que tenía respecto a un problema. El problema fue resuelto, de modo que la tensión que había debido al problema fue completa y repentinamente liberada. Se precipitó a la calle desnudo gritando, “Eureka, ¡lo he encontrado!”

Para alguien intelectual, si un gran problema que ha requerido la totalidad de su mente y le ha conducido al clímax de la tensión intelectual, es resuelto, puede que le lleve a un instante de satori. Para las mentes estéticas es más fácil.

¿Quieres decir que incluso la tensión intelectual puede ser un medio para alcanzar el satori?

Puede serlo, puede no serlo. Si te vas tensando intelectualmente durante esta discusión y la tensión no es llevada al extremo, se convertirá en un obstáculo. Pero si llegas a estar totalmente tenso y luego, de repente, lo entiendes, esa comprensión puede ser una liberación y el satori puede suceder.

O, si esta discusión no es en absoluto tensa, si simplemente charlamos, totalmente relajados, de modo completamente informal, incluso esta discusión puede ser una experiencia estética. No son sólo las flores las que son estéticas; incluso las palabras pueden serlo. No solamente los árboles son estéticos; los seres humanos también pueden serlo. No solamente es posible el satori cuando observas pasar las nubes; incluso si participas en un diálogo se hace posible. Pero, o se necesita una participación muy relajada o una participación muy tensa. O bien estás relajado desde un principio o bien la relajación te llega debido a que la tensión ha alcanzado un clímax y luego ha sido liberada. Cuando una de las dos cosas sucede, incluso un diálogo, una charla, puede convertirse en la causa del satori. Cualquier cosa puede convertirse en la causa del satori; depende de ti. Nunca depende de nada más. Estás atravesando una calle: un niño se ríe y puede suceder el satori.

Hay un haiku que nos cuenta una historia más o menos así. Un monje está cruzando una calle y una flor muy corriente asoma sobre una pared. Una flor muy común, una flor ordinaria de esas que hay por todas partes. El la mira. Es la primera vez que él realmente la ha mirado, porque es muy corriente, es muy normal. Siempre se ve por ahí, por eso nunca se preocupó de mirarla anteriormente. La mira. El satori sucede.

 

Nunca contemplamos las flores corrientes. Son tan comunes que te olvidas de ellas. Por eso el monje nunca antes había visto esa flor. Por primera vez en su vida la ha visto y el suceso se convierte en un fenómeno. Este primer encuentro con la flor, con esta flor corriente, se convierte en algo singular. Ahora él se siente apenado por ella. Siempre había estado ahí, esperándole, pero él nunca la había mirado. Siente pena por ella, le pide perdón… y la cosa sucede.

 

La flor está ahí y el monje está delante de ella bailando. Alguien le pregunta, “¿Qué estás haciendo?”
El le dice, “He visto algo poco común en una flor muy común. La flor estaba esperando desde siempre; nunca la había mirado antes, pero hoy sucedió el encuentro”. La flor ahora ya no es corriente. El monje ha penetrado en ella y la flor ha penetrado en el monje.

 

Algo corriente, incluso un guijarro, puede ser la causa. Para un niño un guijarro es la causa, pero para nosotros no es la causa porque se ha convertido en algo muy familiar. Cualquier cosa poco corriente, cualquier cosa extra, cualquier cosa que hayas visto por primera vez, puede ser el desencadenante del satori si tú estás asequible. Si estás ahí, si tu presencia está ahí, el fenómeno puede suceder.

El satori le sucede a casi todo el mundo. Puede que no sea interpretado como tal, puede que no hayas sabido que fue un satori, pero sucede. Y este “suceder” es la causa de toda búsqueda espiritual; si no, la búsqueda espiritual no sería posible. ¿Cómo vas a ir en busca de algo de lo que no has tenido ni un solo vislumbre? Primero algo ha de llegarte, algún rayo ha de alcanzarte – un toque, una brisa – algo ha de llegar hasta ti para que se desencadene la indagación.

Una búsqueda espiritual solamente es posible si te ha sucedido algo sin que tú lo sepas. Puede ser con el amor, puede ser con la música, puede ser en la naturaleza, puede ser con la amistad, puede ser con cualquier comunión. Algo te ha sucedido que ha sido una fuente de gozo y que ahora es sólo un recuerdo, una memoria. Puede que ni siquiera sea un recuerdo consciente; puede ser inconsciente. Puede que esté esperando como una semilla en algún lugar en lo profundo de ti. Esta semilla se convertirá en la causa de una indagación y tú continuarás buscando algo que no conoces. ¿Qué es lo que estás buscando? No lo sabes. Pero aún así, en algún lugar, puede que desconocido para ti, alguna experiencia, algún momento maravilloso, se haya convertido en parte de tu mente. Se ha convertido en una semilla y ahora, esa semilla está abriéndose paso a través de ti y tú estás buscando algo que no sabes nombrar, que no sabes explicar.

¿Qué es lo que estás buscando? Si una persona espiritual es sincera y honesta no podrá decir, “Estoy buscando a Dios”, porque no sabe si Dios existe o no existe. Y la palabra “Dios” carece por completo de sentido a menos que lo hayas conocido. De modo que no puedes buscar a Dios o al Moksha – la Liberación—; no puedes. Un buscador sincero tendrá que volver sobre sí mismo. La búsqueda no es de algo en el exterior; es de algo interior. En algún lugar existe algo que ha sido vislumbrado, que se ha convertido en la semilla y que te está empujando, te está aguijoneando hacia algo desconocido.

La búsqueda espiritual no es una atracción desde el exterior; es un empuje interior. Siempre es un empuje. Y si es una atracción, la búsqueda no es sincera, no es auténtica. Entonces no es más que una búsqueda para alguna nueva clase de gratificación, una nueva clase de deseo. La búsqueda espiritual siempre es un empuje hacia algo desde el interior más profundo de ti mismo, algo de lo cual has tenido un vislumbre. No lo has interpretado, no lo has conocido conscientemente. Puede ser un recuerdo de un satori en la infancia que esté profundamente enterrado en el inconsciente. Puede ser un gozoso momento de satori en el vientre de tu madre, una dichosa existencia sin preocupaciones, sin tensiones, en un estado de mente completamente relajado. Puede ser un profundo e inconsciente sentimiento, un sentimiento que no conoces conscientemente, el que te está empujando.

Los psicólogos afirman que todo el concepto de búsqueda espiritual surge de la maravillosa existencia en el vientre de la madre. Es maravillosa, oscura, sin un solo rayo de tensión. Con el primer destello de la luz, empieza a sentirse la tensión, pero la oscuridad es absoluta relajación. No hay preocupaciones, nada que hacer. Ni tan solo has de respirar; tu madre respira por ti. Existes exactamente de la forma que uno entiende que ha de existir cuando se alcanza el Moksha. Todo simplemente “es”, y ser “es” maravilloso. No se ha de hacer nada para alcanzar este estado; tan sólo “ser”.

De modo que puede decirse que hay una profunda e inconsciente semilla en tu interior que ha experimentado una relajación total. Puede que sea alguna experiencia de una dicha extática en la infancia; un satori infantil. Toda la infancia está plena de satoris, pero los has perdido. El Paraíso se ha perdido y Adán es expulsado del Paraíso. Pero el recuerdo está ahí, el desconocido recuerdo que te empuja.
El samadhi es distinto de esto. No has conocido el samadhi, pero mediante el satori aparece la promesa de que algo mayor es posible. El satori se convierte en la promesa que te conducirá hacia el samadhi.

¿Qué he de hacer para alcanzarlo?

No has de hacer nada. Solamente una cosa: debes ser consciente, no debes resistirte, no debe haber ninguna resistencia hacia él. Pero hay resistencia; por eso hay sufrimiento. Hay una resistencia inconsciente. Si algo empieza a suceder al brahma randra, solamente implica que la muerte del ego se aproxima. El que exista esa resistencia interna lo hace doloroso. Esta resistencia interna puede adoptar dos formas: o bien dejas de meditar o preguntas que has de hacer para trascenderla, para ir más allá de ella.

No has de hacer nada. Esta pregunta también es una clase de resistencia. Déjalo hacer lo que hace. Tan solo sé consciente y acéptalo totalmente. Quédate con él, déjalo que haga lo que está haciendo y coopera con él.

¿Debo mantenerme como testigo de ello?

No seas un testigo, porque ser simplemente testigo de este proceso creará barreras. No seas su testigo. Coopera con él, únete a él. Simplemente coopera con él, entrégate totalmente a él, entrégate a ti mismo a él y dile, “Haz lo que tengas que hacer, lo que sea”. Y sólo sé cooperativo.

No te resistas, ni le prestes atención porque incluso tu atención será una resistencia. Simplemente está con él y déjale hacer lo que tenga que hacer. Tú no puedes saber qué es lo que es necesario hacer y no puedes planear qué es lo que ha de hacerse. Solamente puedes entregarte a él y dejar que haga lo que sea conveniente. El brahma randra posee su propia sabiduría, cada centro posee su propia sabiduría y si le prestamos atención crearemos inconvenientes.

En el instante en que te vuelves consciente de cualquiera de las funciones internas de tu cuerpo creas una alteración porque creas tensión. Todo el trabajo de tu cuerpo, el trabajo interior, es inconsciente. Por ejemplo, una vez que has ingerido la comida has de dejar de prestarle atención, debes dejar que el cuerpo haga lo que crea conveniente. Si prestas atención a tu estómago, le causarás alteraciones; alterarás por completo su funcionamiento y el estómago enfermará.

De este modo, cuando el brahma randra funcione, no le prestes atención, porque tu atención actuará en su contra, tú trabajarás en su contra. Lo encararás y al encararlo, al enfrentarlo, crearás una alteración; entonces todo el proceso será innecesariamente prolongado. Por eso, desde mañana mismo, simplemente está con él, ve con él, sufre con él y déjalo hacer lo que quiera hacer. Debes entregarte por completo, debes darte por completo a él. Esta entrega es akarma, ausencia de actividad. Es más akarma que el interesarte, porque tu atención es karma, acción; es una actividad.

Por eso, mantente con cualquier cosa que esté sucediendo. No es que al estar con ella no seas consciente, sino que no le prestarás atención. Serás consciente de ello y ésa es la diferencia. Estando presente existirá una consciencia, una consciencia difusa. En todo momento sabrás que algo está sucediendo, pero ahora estarás con ello, no habrá contradicción entre tu ser consciente y lo que está sucediendo.


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