Edgar Cayce – el profeta durmiente – Parte II

Ese mismo año, un delegado de la universidad de Harvard, el doctor Hugo Münsterberg, llegó a Hopkinsville para indagar el talento psíquico de Cayce. Tenía la firme intención de destruir su renombre probando que no era sino un charlatán. Cuando partió, estaba convencido de la legitimidad y eficacia de las lecturas. Incitó a Edgar a que ejerciera su don fuera de lo común que socorría a tantas personas.

 

Dr. Hugo Münsterberg

Cayce rompió su asociación con Ketchum y Noe, y se fue a trabajar como fotógrafo a Selma, Alabama. El año siguiente, compró el estudio del cual era gerente, e hizo venir a Gertrude y Hugh Lynn. Allí, pudo escapar a su notoriedad cada vez mayor e iniciar una vida tranquila en familia. Sin embargo, un día, su hijo se quemó severamente los ojos jugando en el estudio con la pólvora de magnesio usada para el flash. Los médicos afirmaron que el niño no recobraría la vista y se pronunciaron a favor de la ablación de un ojo. En una lectura, Cayce aseguró que Hugh Lynn no había perdido la vista; éste necesitaba permanecer en un cuarto oscuro durante dos semanas, teniendo constantemente sobre los ojos compresas impregnadas de la solución recetada por los doctores, a la que se agregó otro ingrediente. No hubo intervención quirúrgica, y cuando se le quitaron los vendajes, ¡el niño veía! Los periódicos locales narraron lo acontecido, de modo que Cayce volvió a ser famoso y a dictar lecturas además de ocuparse de su estudio fotográfico.

 

Hugh Lynn en 1966

También, al igual que en todas las ciudades donde había vivido, participaba en las actividades de la parroquia y enseñaba el catecismo. El 9 de febrero de 1918, Gertrude y Edgar tuvieron otro hijo, Edgar Evans.

Con el número creciente de solicitudes para lecturas, surgió una dificultad: mucha gente no encontraba médicos dispuestos a observar las instrucciones de un hombre que ni siquiera conocían y que diagnosticaba, en trance, las enfermedades de pacientes que a menudo él jamás había visto. Cayce empezó a soñar con un hospital en el que doctores, enfermeros y terapeutas aplicarían los tratamientos mencionados en las lecturas.

Este sueño del hospital lo llevó a asociarse con hombres que buscaban petróleo en Texas. Edgar viajó a ese Estado para realizar lecturas sobre posibles sitios de explotación. Se edificó una torre y se perforó un pozo, mas nunca se alcanzó el yacimiento a causa de múltiples obstáculos. Subrayando que los datos que proporcionaban no debían utilizarse con fines de lucro personal, las lecturas señalaron que algunos de los socios de Cayce no compartían su anhelo de crear un hospital y sólo querían enriquecerse.

Después de esta tentativa decepcionante que había durado cuatro años, Edgar retornó a Selma. Reanudó su existencia en el punto en que la había dejado, con su esposa, sus dos hijos, su trabajo y su función en la Iglesia. Sus clases de catecismo se hicieron las más populares de la región, gracias a la capacidad que tenía de dar vida a los personajes y a los relatos bíblicos. En septiembre de 1923, contrató a Gladys Davis como secretaria para que transcribiese todo lo que se decía en las lecturas, en aquel entonces conducidas por Gertrude.

 

Cayce, su Esposa y Gladys Davis

Hasta esa época, la información psíquica comunicada por Cayce trataba exclusivamente de medicina. No obstante, Arthur Lammers, impresor en la ciudad de Dayton, Ohio, apasionado por la filosofía y la metafísica, pidió una lectura acerca de su horóscopo. En la parte final, Edgar enunció que Lammers había sido monje en el pasado, planteando así la hipótesis de la reencarnación y abriendo la puerta a nuevas perspectivas.

Esta revelación constituyó un dilema para Cayce: él no dudaba de la utilidad y de la exactitud de las lecturas en materia de salud; pero tal referencia directa a la reencarnación le parecía oponerse a los principios cristianos tradicionales. Rezó al respecto, interrogó su ser interior, efectuó lecturas, y releyó la Biblia completa manteniendo la idea de la reencarnación. De esta manera, adquirió una sublime visión de unidad entre las grandes religiones del mundo, centrada en el cristianismo.

Edgar Cayce descubrió que el concepto de la reencarnación se basaba en las siguientes nociones filosóficas: la vida es eterna y tiene un propósito; todo lo que existe emana de Dios y forma parte de Dios; como almas, somos hijos del Creador y, por ende, iguales; hemos recibido el libre albedrío – un día, elegimos el camino del altruismo. Cayce se dio cuenta de que la reencarnación, compatible con cualquier religión, concordaba con su propio entendimiento de las enseñanzas de Cristo.


A partir de ese momento, Edgar realizó lecturas, no sólo sobre el cuerpo físico, sino también sobre la mente y el alma, así como sobre las vidas anteriores de la gente que lo consultaba y las repercusiones de dichas experiencias previas en su encarnación actual. Estas disertaciones fueron denominadas “lecturas de vida”. Con el tiempo, la información transmitida se diversificó y abarcó una amplia gama de asuntos. Entre otros, abordó preceptos mentales y espirituales, puntos de vista inéditos concernientes a la psicología y a la parapsicología, consejos para mejorar nuestras relaciones personales, la historia de la Creación, las civilizaciones desaparecidas, una descripción fascinante de la vida de Jesús.

Siendo cada vez más solicitado, Cayce abandonó su estudio fotográfico a fin de dedicarse plenamente a las lecturas y de buscar apoyo financiero para la edificación del hospital. Comenzó a aceptar donaciones, aunque nunca se negó a ayudar a quienes no podían pagar. Debido al indiscutible beneficio de las lecturas, varias personas se ofrecieron a patrocinar el hospital con el que tanto soñaba. Sin embargo, un grupo quería construirlo en Chicago, otro en Dayton, mientras que las lecturas especificaban Virginia Beach o sus alrededores. Finalmente, Morton Blumenthal, agente de cambio en la bolsa de valores de Nueva York, consintió en financiar el proyecto en el lugar indicado.

En septiembre de 1925, la familia Cayce y Gladys Davis se mudaron a Virginia Beach, Virginia. En 1927, se fundó una organización, ‘Association of National Investigators, Inc.’ (Asociación de Investigadores Nacionales), para analizar y experimentar la información contenida en las lecturas. Su lema era: “Manifestemos nuestro amor por Dios y la humanidad”. Un año después, el 11 de noviembre de 1928, se inauguró el Hospital Edgar Cayce. Los pacientes acudían de todo el país, deseosos de conseguir lecturas y de ser atendidos por un personal competente. En las lecturas, Cayce diagnosticaba las enfermedades y prescribía diversos métodos de tratamiento, desde una modificación del régimen alimenticio hasta una intervención quirúrgica. No favorecía ninguna rama de la medicina, sino que las recomendaba todas, seleccionando en cada caso las más adecuadas.

Hospital Edgar Cayce

En octubre de 1929, empezó la gran crisis económica. A pesar de ésta, se abrió en 1930, con orientación humanística, ‘Atlantic University’ (Universidad Atlántica). El hospital funcionó hasta febrero de 1931, fecha en la cual tuvo que cerrar y la organización disolverse, por falta de recursos financieros. La universidad logró sobrevivir hasta Navidad.

En junio del mismo año, se creó el A.R.E., ‘Association for Research and Enlightenment, Inc.’ (Asociación para la Investigación y el Desarrollo Espiritual), con el objetivo de estudiar y de difundir las lecturas de Cayce. La Asociación se concentró esencialmente en la medicina holística y la curación espiritual; la reencarnación; los sueños y su interpretación; los fenómenos psíquicos; el poder de la mente; la oración y la meditación; los principios filosóficos y espirituales.

Numerosas personas que querían desarrollar su percepción extrasensorial se dirigieron a Edgar Cayce. Él solía contestarles que primero debían esforzarse por elevar su nivel de conciencia, ya que lo psíquico provenía del alma. Les aseguraba que si cultivaban los valores espirituales, sus facultades psíquicas se acentuarían de manera natural, según sus necesidades y el motivo de su presente encarnación. Cayce les explicaba que, de estar dispuestos a incorporar los preceptos de las lecturas a sus creencias religiosas o filosóficas, obtendrían resultados provechosos; de lo contrario, más valía que dejaran de lado la información de las lecturas y se olvidaran de ellas.

Con los años, se ampliaron las aptitudes psíquicas de Cayce. En una oportunidad, salió corriendo de la habitación donde se hallaba, totalmente angustiado porque acababa de ver que tres soldados jóvenes, en quienes estaba pensando, no regresarían de la guerra. También, distinguía las auras, definidas como el campo de energía luminosa existente alrededor de las cosas vivientes. A través de las mismas, percibía el estado físico y emocional de la gente.

A medida que se extendía su reputación, más escépticos llegaban a Virginia Beach con el único propósito de acusarlo de fraude. Tarde o temprano, todos se convencían de su sinceridad y de la autenticidad de su obra, y muchos solicitaban lecturas. Uno de ellos, el escritor Thomas Sugrue, católico ferviente que había venido con la intención de poner en evidencia lo que consideraba una impostura, terminó redactando la biografía “There is a River” (“Existe un río”), publicada en 1943 mientras Cayce aún vivía. De modo similar, la revista ‘Coronet’, sumamente popular en aquella época, divulgó las conclusiones de su indagación en un artículo titulado: “El hombre milagroso de Virginia Beach”. Este reportaje tuvo tanto éxito que Cayce se hizo más famoso que nunca.

En plena segunda guerra mundial, Edgar Cayce recibía una voluminosa correspondencia en demanda de ayuda. Incrementó el número de lecturas cotidianas a seis, ignorando sus lecturas personales que le exhortaban a realizar un máximo de dos al día. No obstante, era preciso pedir una lectura con dos años de antelación.

En la primavera de 1944, Edgar comenzó a debilitarse. Aunque las lecturas le aconsejaban reposo, se sentía obligado a continuar asistiendo a quienes recurrían a él. Finalmente, lo venció el agotamiento y, al igual que había efectuado su primera lectura para sí mismo en 1901, se dictó la última, en septiembre de 1944. Ésta le instaba a suspender sus actividades; cuando Gertrude preguntó por cuánto tiempo, la respuesta fue: “Hasta que se recupere o se muera”. Casi enseguida sufrió un ataque de apoplejía y quedó parcialmente paralizado. Hacia fines del año, sus amigos temieron lo peor. Edgar les dijo que “sanaría” después de año nuevo, pero ellos comprendieron que anunciaba en realidad su muerte, la cual ocurrió el 3 de enero de 1945. Hasta entonces, nadie se había percatado de que Gertrude, en su generoso afán por ocultar sus propios tormentos, estaba seriamente enferma. Ella expiró unos tres meses más tarde, el domingo de Pascua.

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Mientras los hijos de Cayce combatían en la guerra, Gladys Davis se dedicó a archivar, clasificar y catalogar la información de las lecturas que ella misma había, en gran parte, anotado y dactilografiado con esfuerzo y paciencia. Concluyó el proyecto en 1971, ¡un cuarto de siglo después de haberlo iniciado! En el curso de su trabajo, pudo apreciar la amplitud y la diversidad de los temas mencionados en las lecturas. Éstas cubren unos diez mil asuntos diferentes y contestan casi todas las interrogantes imaginables en el tiempo de Cayce. Además de asumir esa considerable tarea, Gladys fue secretaria de las organizaciones vinculadas a la obra de Cayce, hasta su muerte en 1986 a la edad de ochenta y un años.

Por su parte, Hugh Lynn Cayce se hizo cargo del A.R.E. Despertó el interés de muchos en los conceptos holísticos de las lecturas y en el rol de la Asociación. Cuando falleció en 1982, la cifra total de miembros había aumentado de algunos cientos a decenas de miles. En la actualidad, innumerables personas en el mundo se benefician del legado de Edgar Cayce sobre la salud, la reencarnación, los sueños, la percepción extrasensorial, la meditación, el crecimiento espiritual, el estudio comparativo de las religiones, la existencia después de la muerte, la astrología, las profecías, los problemas mundiales, y más.

¿De dónde provenía el saber comunicado en las lecturas? En general, Cayce lo adquiría de dos maneras distintas: entrando en contacto con el subconsciente de quienes solicitaban las lecturas; y recurriendo a “los registros akásicos”, que él llamaba también “el libro de la memoria de Dios”, archivos completos para todas las almas desde su creación, inscritos en las coordenadas espacio-tiempo. Teniendo acceso a las fuentes universales de conocimiento, Cayce era capaz de disertar acerca de cualquier materia.

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