Combatir el dolor naturalmente

El dolor puede dejar de ser el gran adversario de nuestro bienestar. Si lo padeces, no tires la toalla. Nutrición, terapias físicas, medicación y control mental son las estrategias que, sabiamente combinadas, permiten controlarlo e incluso superarlo.

Dicen que el dolor crónico es el más demoledor de los malestares. Quienes lo padecen se ven sometidos a una presión sin igual, se sienten solos, impotentes, e incapaces de seguir luchando. Tal vez lo han combatido con entereza durante mese o años, pero el dolor crónico termina por dejarlos exhaustos. Sólo desean tirar la toalla y rendirse de una vez por todas.

Migrañas, artritis, dolor de espalda, sindrome premestrual, inflamaciones, procesos tumorales… El dolor se presenta bajo múltiples máscaras y sus manifestaciones son tan variadas como su etiología. Aunque comienza siendo un síntoma, acaba convirtiéndose, cuando se cronifica, en una enfermedad autónoma de primera magnitud que condiciona por entero la vida de los pacientes.

Durante mucho tiempo los médicos consideraron que el dolor crónico no tenía tratamiento, pero este panorama ha experimentado importantes cambios en la última década. Cada vez más la medicina se preocupa por atenuarlo y está obteniendo notables éxitos en este empeño.

El doctor Dharma Singh Khalsa, autor de reconocidos best-sellers en el campo de salud, acaba de publicar un nuevo libro que bajo el directo título de Curar el dolor recoge algunas de las estrategias más eficaces en el control de este mal. Como pionero de la medicina integral, Singh aglutina planteamientos derivados de la ciencia convencional y de la alternativa, y se decanta por combinar las terapias más eficaces de la medicina occidental y la oriental. Su mensaje para los enfermos de dolor crónico es claro: no sufran innecesariamente ni se rindan. Con un programa completo, que incluya una correcta terapia nutricional, fisioterapia, medicación y control mental y espiritual, estaremos en disposición de enfrentarnos a él con garantías.

Dr. Dharma Singh Khalsa

Teoría de la puertas

Hoy se distingue claramente entre el dolor agudo y el crónico; el primero, normalmente de corta duración, es un síntoma que nos avisa de que algo no funciona bien; el crónico, por el contrario, no es un aviso, sino una enfermedad en sí misma provocada por un mal funcionamiento del sistema nervioso y el cerebro.

Ello no implica que el dolor crónico esté en la mente del afectado, sino que los impulsos nerviosos del dolor, que viajan desde la zona donde comenzó la estimulación hasta el cerebro, comienzan a tener una suerte de vida propia. La estrategia médica debería en este caso proporcionar al sistema nervioso un impulso rival que llegase al cerebro antes que la propia señal del dolor, rompiendo así su ciclo repetitivo. Esto es precisamente lo que inconscientemente buscamos cuando nos tocamos o friccionamos la zona dolorida. En palabras del doctor Dharma Singh, “el dolor viaja por una compleja ruta del sistema nervioso, una ruta con puertas biológicas que pueden cerrarse. Cuando estas puertas se cierran, el dolor disminuye o desaparece“. La teoría de las puertas ha supuesto una revolución en el campo del control del dolor.

En opinión de Singh, los factores que pueden abrir las puertas al dolor son:

• la falta de sueño,

la vida estresante,

el miedo,

la ansiedad

la depresión,

la inactividad física,

la falta de nutrientes neurológicos,

la hipoglucemia,

la insufiencia de endorfinas

la insufiencia de serotonina

el consumo de productos que estimulen la inflamación.

 

Por el contrario, las puertas del dolor se cierran con:

la relajación,

el ejercicio,

la acupuntura,

el sueño adecuado,

la serotonina,

las endorfinas

la buena nutrición del sistema nervioso, entre otros factores.

El poder de los alimentos

En general, cualquier alimento que reduzca la inflamación puede ser un buen aliado contra el dolor. La cúrcuma, la boswellina de la medicina ayurvédica, el jengibre, las enzimas digestivas de las proteínas (proteasa, amilasa, papaína, etc.) y los antioxidantes como las vitaminas E, C y A, junto al selenio, el magnesio y el calcio, son algunas de las sustancias recomendadas.

Aumentar el nivel de serotonina es otra de las estrategias a seguir. Los alimentos ricos en triptófano -como el pollo, los cacahuetes, el queso cheddar o el huevo- estimulan la producción de esta hormona, como también lo hacen la fototerapia y los ejercicios mente-cuerpo.

El doctor Singh subraya asimismo la importancia de poseer un cerebro fuerte y en buen estado si vamos a librar una batalla contra el dolor. El complejo vitamínico B, la lecitina, el ginseng, el ginkgo biloba y la fenilanina son algunas de las sustancias que nos ayudan a proteger nuestras neuronas.

Batalla desde todos los frentes

Además de las recomendaciones dietéticas, quienes padecen dolor pueden encontrar una gran ayuda en técnicas tradicionales como la acupuntura, la digitopresión, el shiatsu, una terapia de ejercicios moderada y practicada a diario, el masaje, la terapia de calor y frío, la magnetoterapia, la aromaterapia o la fototerapia para fortalecer el umbral del dolor.

Si bien los consejos del doctor Singh no se olvidan de algunos de los más modernos medicamentos útiles para el control de determinadas patologías dolorosas, lo que el llama “control mental y espiritual del dolor” es una de las aportaciones más novedosas de su obra. Así, define la terapia congnitiva como “una fabulosa técnica psicológica para combatir el dolor crónico“, ya que un sistema de creencias demasiado rígido y excluyente -afirma- contribuye en gran medida al dolor.

La llamada personalidad dolorosa suele caracterizarse por:

ansiedad,

depresión,

rabia,

rigidez

impulsividad.

Condiciones que no sólo contribuyen a incrementar los trastornos dolorosos, sino que también aumentan la percepción del dolor. La buena noticia es que el problema tiene solución acudiendo a un terapeuta que nos indique cómo modificar nuestras expectativas y nuestra visión parcial y deformada de la realidad.

Además, el llamado poder de la mente puede alterar la percepción del dolor, y ello no se debe tanto a fenómenos de carácter desconocido, sino al hecho biológicamente constatado de que el dolor crónico viaja muy lentamente, apenas a una velocidad de 5 km./hora, nada en comparación con los 320 km./hora que alcanzan las señales nerviosas táctiles. Precisamente en esta lentitud del dolor crónico radica una de las posibles estrategias para frenarlo: la de llenar el cerebro con estímulos rivales procedentes de pensamientos positivos.

La visualización del alivio del dolor, las frases repetidas de autoafirmación (“Yo estoy al mando, no mi dolor“), la distracción con actividades que nos motiven, la relajación o la respiración son practicas al alcance de todos que terapéuticamente pueden resultar de gran ayuda.

Artículo publicado en Más Allá nº  157.

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