La forma Humana

Forma Humana

En la saga de libros del conocimiento Tolteca que le transmitió Don Juan a Castaneda, este escribió acerca de lo que llama “La Forma Humana”:

El camino del guerrero tolteca exige el desarrollo del silencio interno, (de la conciencia total de ser que tanto ansiaba Buda), de un dominio perfecto sobre uno mismo, antes de poder entrar en el “Nagual”, el infinito o la totalidad.

Don Juan  llama el “molde humano”, a quien nosotros llamamos “Dios”. El molde humano es algo así como el patrón conforme al cual nos desarrollamos los seres humanos. Esto es idéntico al patrón de información del campo morfogenético de Rupert Sheldrake, por lo que su teoría está claramente describiendo dicho molde humano como un generador de información que a continuación se transmite al campo. Todos los místicos como San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Jesús, que vivían frugalmente como guerreros, tuvieron una visión del molde humano, al que interpretaron lógicamente como Dios, puesto que se percibe como una luz “consciente” o como un hombre luminoso y se siente un tremendo amor por él y desde él. Los brujos mexicanos, como Don Juan, sin embargo, concluyeron que el molde humano no tenía ninguna propiedad, ni servía de nada pedirle milagros, porque solo era eso: el patrón energético responsable de nuestra existencia, pero sin poder. Hinduistas y budistas concluyeron algo parecido: que era peligroso permanecer en el profundo estado de alegría de la individualidad del 5° chakra (garganta), puesto que esto detenía el avance de la conciencia hacia el 6° (Ajna: el tercer ojo).
El siguiente paso es formar parte del todo o entrar en el “Nagual”. En la Toltequidad, esto equivale en cierto modo al movimiento del punto de encaje al conocimiento silencioso, que permite saber sin palabras, sin pensamientos, sin razón, leer los pensamientos dada la indivisibilidad de mente-materia que actualmente la ciencia investiga: el cuerpo entero en contacto continuo con la totalidad… Esto requiere, sin embargo, lo que los toltecas llamaban “perder la forma humana”. Solo separándose del campo energético que crea el “molde humano” es posible acceder al conocimiento silencioso. Una vez se pierde la forma humana, el brujo no tiene ya ningún interés propio, ni siquiera “humano”, y actúa con paciencia y absoluto abandono conforme al intento y modificando éste para conseguir su libertad.

Por su parte, Buda ya se dio cuenta de que aquello era solo una parte de la realidad del mundo: él era “todo”, sí, pero al mismo tiempo él era “nada”. El Siddharta de Hesse termina con Buda diciendo: “No queda nada ya, la llama se extingue”. Esto es el retorno al 7° chakra, la vuelta a casa, por así decirlo, llegar al lugar donde todo lo que eras todavía no es: Nagual o Nirvana a un paso.

Reseña: trascendentalism.blogspot.mx


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